Historia
El hallazgo de los mosaicos de la villa romana de Noheda, ha sido uno de los descubrimientos más relevantes para la arqueología en los últimos años y un revulsivo para la investigación musivaria.
El enclave se ubica a 18 km al norte de la ciudad de Cuenca, junto a la localidad de la cual toma su nombre, siendo ésta pedanía del municipio de Villar de Domingo García.
La existencia del yacimiento era conocida desde antiguo y son varios los autores que hablan de la presencia de restos romanos en la zona. Así en el mapa denominado Atlas de El Escorial, atribuido a Alonso de la Cruz y fechado en 1554, destaca el nombre que tenía la actual localidad de Villar de Domingo García: el Villar de la Vila. Pero no fue hasta 1893, cuando por primera vez se describa de manera concisa el complejo romano y la presencia de mosaicos en él. A partir de finales de los 70, fueron varios los arqueólogos que se hicieron eco de los restos arqueológicos detectados en superficie. Éstos resultaban tan elocuentes, que les permitieron precisar y datar con el asentamiento, definiéndolo ya como una villa tardorromana.
Sería a mediados de los años 80, cuando, como consecuencia de unos trabajos agrícolas, los propietarios y el encargado de la finca pudieron admirar una parte del mosaico conservado, concretamente los rostros de dos figuras. Sin embargo, tuvieron que pasar casi veinte años hasta que se realizó la primera campaña arqueológica, concretamente a finales de 2005. Ésta fue planteada como una exploración de reducidas dimensiones cuyo único objetivo era la localización del mosaico.
En 2008 se inicia una nueva etapa cuyos objetivos fueron el estudio integral del enclave arqueológico, eso sí, sin olvidar el mosaico. De hecho, sería en ese año cuando se excavó completamente el triclinium triabsidado de 290,64 m2 de superficie donde se localizó el famoso mosaico.
En 2012 la villa romana de Noheda fue declarada Bien de Interés Cultural (BIC). Desde entonces se han seguido desarrollando diferentes campañas arqueológicas que han permitido la exhumación de un 5% de la superficie total del yacimiento, habiéndose sucedido un buen número de descubrimientos que evidencian la relevancia de este enclave en el panorama internacional.
Las investigaciones han descubierto la existencia de un complejo rural fechado en el Alto Imperio, si bien, es la villa tardorromana del siglo IV, la evidencia más notoria y de la cual se conservan los restos. Tras esta etapa álgida, el asentamiento es reocupado de manera residual hasta bien entrada la centuria siguiente.
Por lo que respecta a la revalorización y museografía del yacimiento, es necesario incidir que la complejidad de conservar un mosaico de tal envergadura ha exigido la intervención de equipos especializados en conservación preventiva y restauración musiva. Se han empleado soluciones estructurales como cubiertas protectoras, sistemas de climatización pasiva y protocolos de control ambiental que garantizan la preservación del conjunto sin comprometer su visión por parte del público, y garantizando la accesibilidad universal.
La musealización del yacimiento ha seguido criterios contemporáneos de integración entre el discurso arqueológico y la experiencia del visitante. Pasarelas elevadas, paneles interpretativos y recursos de realidad aumentada permiten un recorrido inmersivo por el espacio original, sin interferir en la conservación de los elementos patrimoniales. La revalorización de la villa de Noheda se ha llevado a cabo gracias a la colaboración entre administraciones locales, provinciales, autonómicas y estatales, así como con el apoyo de universidades y centros de investigación. Este modelo de cooperación ha permitido no solo la puesta en valor del yacimiento, sino también su inclusión en redes de investigación internacional, fomentando el intercambio de conocimiento y la participación ciudadana. La villa Romana de Noheda representa, en síntesis, un ejemplo sobresaliente de cómo la investigación arqueológica rigurosa, combinada con estrategias sostenibles de conservación y difusión, puede transformar un hallazgo en un bien cultural vivo, capaz de generar conocimiento, identidad y desarrollo territorial.